Fusilamiento de los próceres insurgentes Ignacio Allende y Juan Aldama

Tanto don Ignacio Allende como don Juan Aldama, nacieron en San Miguel el Grande, Guanajuato.
Ambos siguieron la carrera de las armas y pertenecieron al Regimiento de la Reina.
Tanto Allende como Aldama participaron en las conspiraciones de Valladolid y de Querétaro.
Los dos estaban al tanto de que el levantamiento insurgente se llevaría a cabo el 1º de octubre de 1810.
Mientras llegaba la fecha del levantamiento, Allende se hacía cargo de los detalles revolucionarios y Aldama de reclutar gente para la misma.
Sin noticias de Querétaro, Hidalgo y Allende se pasaron, en Dolores, la noche del 14 y el día del 15 de septiembre sin poder determinar el camino a seguir.
Juan Aldama recibió en San Miguel el Grande, el parte enviado por doña Josefa Ortiz de Domínguez, Corregidora de Querétaro, con el alcaide Ignacio Pérez, en el cual se daba aviso de que la conspiración había sido descubierta.
De inmediato Aldama se dirigió a Dolores al encuentro de Allende y en consecuencia, de Hidalgo, quienes al conocer los acontecimientos de Querétaro, determinó que este último exclamara: "Somos perdidos, señores, aquí no hay más recurso que ir a coger gachupines"..
Allende no se opuso a la determinación de Hidalgo y partió con el fin de levantar en armas a los soldados del regimiento de la Reina que se encontraban en Dolores.
Por su parte Aldama, trató de hacer algunas objeciones ante la radical decisión de Hidalgo, pero éste, después de mandar llamar a su hermano, a don José Santos Villa y a los serenos, marchó con destino a la cárcel para liberar a los presos y así iniciar la insurrección.
De acuerdo con Hidalgo, Allende y Aldama partieron hacia San Miguel con los hombres que habían logrado reunir.
En San Miguel, lograron, sin grandes contratiempos, se les uniera el resto del regimiento del cual Allende era capitán.
En Celaya, el ejército insurgente ya contaba con aproximadamente, 40 mil hombres, a los que Allende trataba de darles un poco de orden.
Al capitán Juan Aldama se le encargó cuidar la seguridad de los presos españoles y pronto le expresó su disgusto a Hidalgo porque las tropas insurgentes se dieron al saqueo de las casas de los hispanos.
Por su parte, el cura de Dolores, consideró que no tenía otra forma para atraerse simpatizantes, pidiéndole a Aldama que si éste tenía una solución, se la diese.
Por otro lado, tampoco Allende estaba de acuerdo con las tropelías a que se dedicaba la plebe insurgente y aunque a Hidalgo también le disgustaban, no tomaba las medidas pertinentes para terminar con ellas.
El 22 de septiembre de 1811, se celebró en Celaya una reunión entre los jefes insurgentes y el Ayuntamiento para efectuar la designación de los cargos correspondientes al ejército.
En dicha reunión, Hidalgo recibió el grado de Capitán General de la América, Allende, el de Teniente General y Juan Aldama, el de Mariscal.
Allende procuró que el desorden y desmoralización presentado por el grueso del ejército, no contaminara a los soldados de carrera, integrados a dicho ejército.
Rumbo a la ciudad de México, se detuvieron en Acámbaro, donde Hidalgo fue nombrado Generalísimo, Allende Capitán General y Aldama, Teniente General.
En la acción victoriosa del Monte de las Cruces, participaron tanto Allende como Aldama y ambos sostuvieron, ante las objeciones de Hidalgo, la conveniencia de ocupar la ciudad de México, prevaleciendo la opinión del Padre de la Patria.
Al parecer, esta decisión desmoralizó a la tropa insurgente integrado por cerca de cien mil hombres, viéndose reducido en más de la mitad, a los pocos días.
Reducidas sus fuerzas y mal armados, los insurgentes tuvieron que enfrentar en Aculco, al bien pertrechado y disciplinado ejército realista, comandado por Félix María Calleja.
En este combate también participaron Allende y Aldama, pero en esta ocasión, la victoria fue de los realistas, primer revés, que a partir de entonces, acompañaría a los iniciadores del movimiento independentista.
Tras la derrota de Aculco, Hidalgo se dirige a Valladolid, en tanto que Allende y Aldama lo hacen hacia Guanajuato, seguidos de sus soldados, quienes eran los mejores del ejército insurgente.
En Guanajuato, Allende trata de fortificar la ciudad, sin saberse específicamente cuál fue la función que a Aldama le tocó desempeñar en ese momento.
Las medidas tomadas por Allende en Guanajuato fueron en previsión al próximo e inminente ataque de Calleja.
Con la intención de allegarse mayores elementos de defensa, Allende solicitó la cooperación de :
·    Hidalgo, quien se encontraba en Valladolid, hoy Morelia.
·    José Antonio Torres -el amo Torres-, el que se hallaba en Guadalajara y de
·    Rafael Iriarte, así como de otros insurgentes que ocupaban San Luis Potosí.
El único que respondió al llamado de Allende fue Iriarte, sin embargo, el ejército realista se adelantó y las fuerzas de San Luis, no llegaron a tiempo.
Por su parte, y de acuerdo con las medidas de defensa de Guanajuato, Aldama marchó a Guadalajara en busca de ayuda.
El mando directo de la defensa de Guanajuato estuvo a cargo de don Mariano Jiménez quien avisó a Allende de que la ciudad estaba perdida.
Allende ordenó salir de la plaza sin ser perseguido por Calleja y mientras éste se daba un respiro en la Valenciana, sin entrar a la ciudad, se llevó a efecto una sangrienta matanza de españoles por el populacho.
La reacción de Calleja no se hizo esperar y entrando a la ciudad de Guanajuato a la mañana siguiente, se dispuso a llevar a cabo numerosas ejecuciones que continuaron en los días subsiguientes.
Allende se dirigió hacia Valladolid, uniéndose a Hidalgo, aunque las relaciones entre ambos seguían tensas por la oposición del primero a las matanzas de españoles.
Otra de las diferencias que se dieron entre Allende e Hidalgo fue con relación a la organización de la campaña para batir a Calleja, pues mientras:
·    Hidalgo se inclinaba por una batalla campal.
·    Allende opinaba, que dadas las circunstancias y momento lo mejor era la retirada.
La opinión de Hidalgo fue la que predominó.
A partir de este momento, Allende dedicó su atención a los asuntos meramente militares, entre ellos:
·    Restituir la artillería.
·    Organizar el ejército, que nuevamente era numeroso, etc..
Los insurgentes tomaron posiciones en el Puente de Calderón, al mando de don Ignacio Allende, apoyado por don Juan Aldama y don Mariano Abasolo.
Calleja estuvo a punto de ser derrotado en esta acción, pero su pericia militar y el incendio de una carreta de parque en el campo insurgente, que causó gran descontrol, trocó la victoria de los independentistas en desastre.
Los resultados de las últimas campañas insurgentes no eran satisfactorias, motivo por el cual los jefes insurgentes se reunieron en la Hacienda del Pabellón.
Allende, Aldama, Joaquín Arias y José Mariano Jiménez, determinaron relevar del cargo de Generalísimo, a don Miguel Hidalgo.
Hidalgo se vio precisado a renunciar verbalmente, sin que ello significara que abandonara la lucha y Allende asumió el mando del movimiento.
Continuar la retirada fue la primera disposición de Allende.
Dispuestos a conseguir recursos, los jefes insurgentes acordaron dirigirse hacia los Estados Unidos, siendo precedidos, con el carácter de embajador por don Ignacio Aldama, hermano de don Juan.
La traición acechaba y pronto Ignacio Elizondo los haría prisioneros en Acatita de Baján y al parecer, el único que repelió la agresión fue don Ignacio Allende, quien finalmente quedó desarmado y lastimado.
Don Ignacio Allende hubo de sumar al dolor de la traición, la pena de perder a su hijo Indalecio durante la acción llevada a cabo por Elizondo.
Juntos, también en el infortunio, Allende y Aldama fueron conducidos a Monclova y luego a Chihuahua, donde se dio inicio el proceso, el 06 de mayo de 1811.
Allende sabía que su vida estaba destinada a una pronta ejecución y evitó, durante el proceso, hacer declaraciones que pudieran perjudicar más a sus compañeros.
El hecho de ser militar y haberse sublevado, era suficiente para que Aldama obtuviera por condena, la pena de muerte, teniendo por antecedente una notificación que le puso precio a su cabeza: diez mil pesos.
El 26 de junio de 1811, fueron pasados por las armas los héroes de la Independencia, don Ignacio Allende, don Juan Aldama, don Mariano Jiménez y don Manuel Santamaría.
Las cabezas de Allende, de Aldama y de Jiménez hubieron de esperar el fusilamiento de don Miguel Hidalgo, para que, junto con la del Padre de la Patria, fueran trasladadas a Guanajuato y colgarlas en sendas jaulas en los ángulos de la Alhóndiga de Granaditas.
Los trofeos craneales de los realistas, permanecieron en la Alhóndigo por espacio de casi 10 años, hasta que en marzo de 1821 son bajados y reintegrados a sus cuerpos.
En 1822, los restos mortales de los héroes de la independencia fueron depositados en la Catedral de la ciudad de México.
Reconocido Allende por el propio Hidalgo como el promotor de la conspiración y el organizador del ejército insurgente, el pueblo de México le ha dado un lugar, a partir del 16 de septiembre de 1925, en la Columna de la Independencia.
San Miguel el Grande, Gto., donde nacieran tanto Allende como Aldama, actualmente se denomina San Miguel de Allende, en honor al primero.
La ciudad guanajuatense León de los Aldama, lleva ese nombre en reconocimiento a don Juan Aldama, a su hermano Ignacio y a sus tíos Mariano y Antonio, de los mismos apellidos, héroes de la independencia de México.

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