EL REAL DE MINAS DE SANTIAGO APÓSTOL DE MAPIMÍ

No son muchos los historiadores que se especializan en historia del Norte de México Colonial, y menos aún los que ahondan en la vida cotidiana de asentamientos formales que enclaustrados en los balcones o desiertos norteños llegaron a tener gran importancia como reales de minas, presidios, centros religiosos, pueblas, etc., que nacieron y se desarrollaron en pleno cardo de la colonia, y un día formaron parte del inmenso espacio físico de la Nueva Vizcaya que actualmente abarca parte nuestra Comarca Lagunera, uno de esos reales de minas que fue de gran importancia en la formación de la región antes mencionada fue el Real de Minas de Santo Señor Santiago Apóstol Matamoros de Mapimí. Para conocer la historia de este asentamiento situado en pleno propileo o puerta del Bolsón de Mapimí, utilizaremos principalmente los archivos por ser éstos la base de sustentación de toda investigación. En primer lugar, los archivos eclesiásticos de la parroquia de este real. Por el orden y acuciosidad que caracteriza a la Iglesia Católica. Llevando los archivos y sus fábricas con excelente gobierno, nos estimulan a estudiarlos, por ser las auténticas y veraces fuentes de información. Empezaremos con antecedentes del Norte de México Colonial.

Algunos de los autores en que se basa este trabajo. Alonso de la Mota y Escobar, Guillermo Porras Muñoz, Peter Gehrard, Robert Ricard.

NOTICIAS PRIMAS DEL SEPTENTRIÓN

Alvar Núñez Cabeza de Vaca dio las primeras noticias acerca de las ignotas tierras del septentrión, acompañado de Alonso Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Carranza y el negro Estebanico. A su retorno narra las novedades de su inmensa travesía desde la Florida hasta el Pacífico, sus relatos sirvieron como una gran propaganda de estos míticos lugares.

Una vez limadas las asperezas entre el virrey don Antonio de Mendoza y Hernán Cortez, afloran en éstos los deseos incontenibles de nuevas conquistas. Y así, por órdenes del virrey, el fraile Marcos de Niza y Estebanico, franqueados por una tropa con sede de aventuras y riquezas, se lanzaron al norte aún tan desconocido, en busca de las maravillosas ciudades y del tan anhelado oro, y aunque esto fue sólo un sueño quimérico, ya se habían sentado las bases, dándose a conocer al desolado norte, por otra parte, quedó sembrada la duda acerca de la existencia de las fantásticas ciudades y del codiciado metal áureo de El Dorado.

Entre los primeros relatos más completos sobre el septentrión de la Nueva Vizcaya se encuentran los de Baltazar de Obregón. Rosa Camelo hace un interesante estudio de este personaje a quien describe como "un criollo que participa de la vida de sus tiempos". En sus relaciones de Obregón da algunas medidas para la conquista:

Las tierras que describe no son nada atractivas, que hay muchas dificultades y que el calor es insoportable, "qué encuentra en el norte habitado por grupos semisalvajes "caribes y alárabes" como él les dice" "Qué pueden ofrecer aquellas grandes extensiones de tierras semidesérticas, montañosas y de terrenos escabrosos, que se llegan a perder las esperanzas de encontrar una salida" "Por qué hay, repito, un territorio de grupos de indios por zonas poco pobladas donde hay que tener mucho cuidado para no inconformarlos con trabajos excesivos y tener alguna mano de obra" "Qué interés lo lleva hacia el norte" Salta a la vista que una de las causas sería la existencia de minas que son, de acuerdo con las opiniones de Obregón, el cebo que morderán muchos para aceptar tantísimos trabajos como anuncia. Este señuelo hacía que las poblaciones no se abandonaran, que es el atractivo que se tiene siempre presente... "no es tierra que se pueda poblar sin que primero estén descubiertas y experimentados metales ricos, así por ser tierra áspera y poco poblada como por ser gente rústica, débil y villana y sin casas de asiento..." pero es que sabe perfectamente que su cebo es tan bueno que es posible que también esté dispuesta a dejarse prender en él la Sacra Cesárea Católica Majestad de Felipe II.

Este personaje auténtico representante del criollismo, aventurero, conquistador, colonizador, observador acucioso de los espacios físicos que recorre, estudioso de la economía y ecología, y conocedor de las artes de la guerra, entre otros aspectos, en sus narraciones pareciera estar retratando la región del tema a tratar, el Real de Minas de Santiago de Mapimí, real que, al fin, es otro trozo que integra la Nueva Vizcaya.

Después de los viajes de exploración al norte, el gobernador de la Nueva Vizcaya, Nuño Beltrán de Guzmán, se proyectó a la conquista de nuevos territorios en busca de riquezas y prometedores yacimientos, y así se va acercando cada vez más a la conformación de esa tierra aún sin nombre, la Nueva Vizcaya. "El Capitán Joseph de Angulo enviado por el Gobernador Nuño Beltrán de Guzmán desde la Villa de Culiacán, descubrió la gran serranía que llaman Topia, desde unos grandes llanos a quien entonces puso por nombres los Llanos de Pánuco, que hoy en día se llaman Nueva Vizcaya".

J. Lloyd Mecham vuelve a confirmar la entrada del conquistador Guzmán a la Nueva Vizcaya y su arribo al río de las Nasas, ubicado a unas cuantas leguas (nueve) del territorio que posteriormente sería el Real de Minas de Santiago de Mapimí. En 1531 Guzmán cruzó la Sierra Madre Occidental atravesando la parte central del actual Estado de Durango. "Pero la expedición que le va a dar más derecho a la audiencia de Guadalajara sobre aquel territorio es la que ella misma organiza y encomienda a Ginés Vásquez del Mercado".

En 1531 los emisarios de Nuño Beltrán de Guzmán atraviesan y arriban a la parte alta del río de las Nasas, es probable también que llegaran al valle de Durango y una vez más se afirma la presencia de los conquistadores en el territorio de la Nueva Vizcaya. "...De Culiacán. Beltrán de Guzmán envió dos avanzadas de exploración. Hacia el oriente salió el maestro de campo Gonzalo López, quien cruzó la Sierra Madre y se internó en territorios del hoy Estado de Durango...". Por fin dio inicio la conformación de la Nueva Vizcaya, que estuvo un largo tiempo en espera de su colonización.

PRIMERAS EXPLORACIONES Y ASENTAMIENTOS FORMALES

DE LA REGIÓN DEL BOLSÓN DE MAPIMÍ EN LA NUEVA VIZCAYA

Un ámbito adverso y la ausencia de metales preciosos, hicieron que esta frontera se encontrara relativamente abandonada por dos siglos. Pero asentamientos como Saltillo y Monterrey se mantuvieron, constituyéndose como mercado de esclavos y proveedores de ganado y trigo para los centros mineros del sur.

El desolado norte empezó a poblarse por grandes oleadas de gente ansiosa de encontrar rápida y fácil riqueza. Además, se trazaron los caminos para el tránsito de carros procedentes del altiplano para abastecer a las minas. Todo este movimiento interceptivo provocó que tribus regionales abandonaran su hábitat y empezaran constantes luchas contra el invasor, al sentirse desplazadas de su territorio. Estas luchas persistentes fueron llamadas "Guerra Chichimeca", y mantuvieron a la frontera norte "de costa a costa- en una intranquilidad continua que se prolongó por espacio de cuarenta años. En realidad los débiles asentamientos de la Nueva Vizcaya eran ininterrumpidamente atacados por las naciones indias, a tales enfrentamientos se les conoció como "Guerras Civiles".

El reino antes mencionado era conocido como "antemural" de los de la Nueva España y la Nueva Galicia, pues lo que ocurriera en la remota Nueva Vizcaya repercutiría en los otros dos reinos, así que "remediándose la Nueva Vizcaya, se remedian todos los tres reinos y de otra suerte estarán expuestas a mucha ruina". Durante el siglo XVI en la Nueva Vizcaya no se registraron guerras cruentas, no se dieron acciones heroicas, no hubo campeadores de conquista ni mártires.

Los aborígenes recibían a los recién llegados con indiferencia, sin tomarlos como dioses, no les entregaron ofrendas. Y está bien probado que los indígenas norteños no eran mansos, sino belicosos por naturaleza, puesto que se liaban en crueles y constantes luchas con naciones rivales.

Así, en medio de batallas triviales, en el año de 1562, el joven Francisco de Ibarra es nombrado por el virrey don Luis de Velasco, gobernador y capitán general de todas las tierras que descubriera y pasó veinte años con dos mandos, el civil y el militar, y sin necesidad de grandes combates con los naturales, fue apropiándose de inmensas extensiones de terreno, de los que se hizo dueño y repartió lo sobrante a su libre albedrío entre su familia, capitanes y amigos.

En fin, que la Nueva Vizcaya "no se ganó por conquista formal". Por consecuencia, Ibarra no fue el guerrero que usualmente presenta la historia, sino más bien un auténtico colonizador. Los historiadores Anastasio Saravia, José Ignacio Gallegos y Guillermo Porras Muñoz, lo afirman categóricamente. Gallegos escribe: "Ibarra empleó la persuasión con los naturales y sólo en contados casos usó de medios violentos". Anastasio Saravia opina: "don Francisco de Ibarra desde los comienzos de su conquista en 1554, llevó siempre una política de benevolencia hacia los indios que en mucho favoreció su quietud". Porras Muñoz menciona los planteamientos anteriores en su obra que hemos citado previamente.

Al paso de sus exploraciones el joven colonizador cumple su principal y real encargo: "encontrar yacimientos". Y en pocos años él y sus capitanes descubrieron ricas minas de plata. Pronto estos ricos reales de minas forzaron a formar poblaciones por la urgencia de satisfacer las necesidades de los mineros (tiendas de mercancías en general, potreros con ganado vacuno, caballar, mular, herrerías, etcétera). Tales asentamientos, que fueron fortificados para custodiar las minas, dieron origen a la Nueva Vizcaya y a Nuevo León. En el libro El Marqués de Altamira y las Provincias Internas de la Nueva España, María del Carmen Velásquez comenta que eran tantas las dificultades que tenían los colonizadores con los frecuentes ataques de los naturales, que empieza la sistematización de asentamientos fortificados llamados presidios para mayor protección de los mismos en "el poblado", haciendo referencia al Bolsón de Mapimí. En esta obra se menciona que dieron inicio los planes para poblar el inmenso Bolsón de Mapimí, edificando presidios para protegerlo, de los cuales muchos llegaron a materializarse.

Acerca del poblamiento de la Nueva Vizcaya se avoca el visitador general de los presidios internos, don Pedro de Rivera, brigadier de los ejércitos, mariscal de campo y presidente de la Real Hacienda de Guatemala, cumpliendo con las Reales Ordenanzas. Fue colonización en la Nueva Vizcaya, debido a que no fue posible dominar a los naturales por la fuerza de las armas, a causa de su constante movilidad. Los asentamientos formales eran escasos y poco poblados y el territorio inmenso. El carácter indómito del indígena norteño, su poca disponibilidad a aceptar cambios "por gratificante que fueran-, su agresividad innata y más patente hacia los invasores y la tan drástica modificación de su espacio físico, minaron su salud, y sobre todo, ésta se vio afectada por las terribles enfermedades que trajeron los europeos y negros, dándose casi por completo la extensión de los naturales. Y los que sobrevivieron, se sumaron a los asentamientos, y así se realizó una colonización con la llegada de los indígenas del sur, los europeos y la mezcla étnica que se efectuó entre ellos. Más tarde se observarán los resultados de estas mezclas.

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